LA MULTIDIMENSIONALIDAD DEL CONCEPTO DE CORRUPCION

FRANCISCO M. SUAREZ

 

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Introducción

 En este documento deseo reflexionar sobre algunas de las implicancias del concepto "corrupción".

El tema de la corrupción es uno de los más mencionados en el debate político y en la conversación cotidiana en la Argentina. No obstante, podemos afirmar que se trata de un concepto de bajo desarrollo teórico-conceptual y metodológico. Como así también difuso en la posibilidad de desarrollar un pensamiento estratégico que permita accionar efectivamente sobre sus causas y así, minimizar sus efectos.

Sin pretender agotar ninguno de estos aspectos (conceptual, teórico, metodológico y estratégico) fundamentalmente por la complejidad que ello implicaría y la precariedad del estado del arte, deseo presentar un conjunto de reflexiones que contribuyan en esas direcciones.

Dicha complejidad radica especialmente, en la multidimensionalidad del concepto en sí, la variedad de perspectivas disciplinarias y profesionales desde las cuales se lo aborda (abogados, jueces, fiscales, miembros de las fuerzas de seguridad, polítologos, políticos, economistas, sociólogos, funcionarios públicos, parlamentarios, periodistas, contadores, auditores empresarios, etc.). Como así también, la diversidad de esferas institucionales donde se manifiesta, se analiza y se intenta controlar el problema social de la corrupción. Cada una con su batería de conceptos, andamiaje intelectual, practica profesional-institucional y conjunto de metáforas analógicas utilizadas para denotar el fenómeno en cuestión.

Todo ello, sin mencionar la enorme diferenciación de contextos nacionales e ideológicos donde se manifiesta -sean países desarrollados y modernizados o toda la gama de países de periferia y transicionales, sean países capitalistas, socialistas o comunistas- y por ello, las distintas estructuras sociales y políticas en las cuales se encarna.

Esta heterogeneidad da lugar a la más variada gama de pseudo explicaciones -"evidentes por sí mismas"- cuya verificación rara vez fue intentada.

Ningún tipo de sociedad tiene el monopolio de la presencia de la corrupción; la misma se manifiesta tanto en países autoritarios como democráticos, ricos como pobres, etc. Pero su presencia no se manifiesta con la misma intensidad ni afecta las mismas esferas institucionales o sectores de la administración pública; teniendo incidencia diferencial en distintos ámbitos y períodos históricos.

A este debate babeliano se le presenta una situación paradojal: a la percepción de la gravedad y magnitud del fenómeno -en la Argentina y en muchos países del mundo entero- le corresponde un vacío y precariedad teórico-conceptual que dificulta enormemente una reflexión inteligente sobre este proceso. Como así también una carencia de instrumentos de observación, medición y análisis que no permite visualizar si el fenómeno en un momento determinado es de mayor, menor o igual escala, amplitud y frecuencia que en otros períodos históricos dentro de cada sociedad.

Para la formulación de políticas de prevención de la corrupción (que permitan minimizarla o disminuirla) sería útil contar con tipologías acerca de sus modalidades, desarrollar modelos explicativos-interpretativos y estrategias metodológicas de investigación que brinden conocimiento sistemático para la estructuración de un conjunto de proyectos que propendan a la superación posible de este mal

 

 

¿Por qué el concepto de corrupción no es tratado como una variable y se lo considera una cuasi constante?

Revisando la literatura de las ciencias sociales nos encontramos con que en varias disciplinas como la sociología, la antropología y la psicología social el concepto casi no tiene status teórico.

En otras disciplinas como en la Ciencia Política se le utiliza y aparece más como un concepto estático en estudios de casos descriptivos. Las profesiones y disciplinas que mayoritariamente han incursionado en la temática son el Derecho y la Contabilidad Pública, pero probablemente más con un afán normativo-prescriptivo que explicativo, dada la propia naturaleza de estas disciplinas.

Es por ello, que debiera dársele cierta importancia a la pregunta de por qué la corrupción es tan poco investigada como una variable y un proceso de manera tal que permita realizar análisis comparativos entre países, entre instituciones de un mismo país o en distintos momentos históricos de una Institución o un país en su globalidad.

Intentando responder al interrogante podríamos construir ciertas hipótesis que favorecieran la constitución de un verdadero campo de estudio.

En este sentido, el círculo vicioso del positivismo de las ciencias sociales que durante varias décadas consideró que lo que no es medible o fácilmente medible, no existe o no es relevante; y la dificultad de acceso a ciertas fuentes de información no promovieron el estudio del fenómeno.

Tampoco resultaron estimulantes las explicaciones dogmáticas de un marxismo "naif" que consideraban a la corrupción como una consecuencia del sistema capitalista que se extinguiría con la desaparición del mismo.

Asimismo, las explicaciones del paradigma desarrollista sostenían que cierto grado de corrupción podría ser funcional para los procesos de modernización, generando movilidad y motivación en sociedades en proceso de desarrollo con estructuras socioculturales tradicionales. Por lo tanto no sería demasiado importante ni conveniente tratar de explicar esta variable, ni necesario entender este proceso y explicar la variabilidad de la corrupción en sí.

Otra barrera que debe ser considerada, tiene que ver con las explicaciones derivadas de una moral simplista que subsume la variabilidad de intensidades y modalidades de corrupción en su omnipresencia, es decir, no habría distinciones al interior del fenómeno. Sin embargo, ser corrupto no indica serlo en todas las dimensiones que podría implicar el concepto de corrupción ni tampoco en la misma intensidad.

También ha resultado una traba, y no de poca importancia, la relación asimétrica, entre por un lado, el status socio-económico-político del que corrompe y el poder de los grupos que instigan la corrupción, y por otro lado, la vulnerabilidad y desprotección del investigador de las ciencias sociales que intenta incursionar en estos temas. Aún cuando no tengan intenciones de denuncia sino de explicación científica, puede ser visualizado como amenazador por aquellos que utilizan la corrupción como instrumento de enriquecimiento.

Cuando se habla de investigación en el tema de la corrupción se suele tener en mente el símil de la Comisión Investigadora Parlamentaria o del Poder Ejecutivo que indaga sobre el aquí y ahora de una situación bajo sospecha con el afán de probar el grado de culpabilidad o inocencia de determinados actores políticos o judiciales. Pero rara vez se piensa en la investigación como medio de obtención de conocimientos científicos con potencialidades explicativas o predictivas.

También la visión economicista que plantea la existencia de un grado óptimo de corrupción -donde las estrategias de control debieran ser sometidas a un análisis costo-beneficio- puede tener efectos negativos en cuanto a aumentar los márgenes de tolerancia social y desestimular su estudio. Como así también limitar la misma elaboración de políticas de prevención donde el conocimiento científico podrían ser de gran utilidad.

La lógica de la moral de frontera puede tener también incidencia negativa respecto a la elaboración conceptual de la corrupción. La presencia de elementos justificatorios es correlativa a una política de ocultamiento, ya que parte del supuesto de que si el mal es tan generalizado, su conocimiento generará una apatía y por lo tanto un grado de tolerancia mucho mayor. Aún más, muchos tienden a pensar, que divulgar modalidades y procedimientos inducirán nuevos comportamientos corruptos.

 

 

 

Caracterizaciones conceptuales del fenómeno de la Corrupción

Toda estrategia que propenda incrementar el grado de conocimiento sobre algún aspecto de la realidad implica hacer el mayor esfuerzo posible por lograr un grado aceptable de precisión en la delimitación y definición conceptual

En las definiciones de corrupción existentes suelen aparecer algunos de los siguientes aspectos:

    1. Acción de alterar o trastocar la forma de alguna cosa, así, como la de echar a perder su unidad material o moral, la idea de algo que se disgrega y deja de ser lo que fue, pierde su cohesión y el todo se descompone en partes que buscan fines individuales perdiendo de vista los fines comunes. Ruptura moral.
    2.  

    3. Es un proceso interaccional, siempre están presentes, al menos, dos actores, el que corrompe y el que es corrompido. Alguien que seduce y alguien que es seducido o encandilado por un supuesto beneficio. Reiteración del drama de Eva y Adán.
    4.  

    5. Supone el menoscabo de un bien público, institucional o aún grupal en beneficio de un bien privado particular, grupal o familiar.
    6.  

    7. Implica un acto de desviación normativa es decir una desviación de la conducta de los funcionarios públicos, institucionales o profesionales que se aparta de las normas establecidas para ponerse al servicio de intereses privados (ej. Medico que ordena hacer operaciones innecesarias arriesgando la vida del enfermo en beneficio personal).
    8.  

    9. El beneficio puede ser monetario o de otro tipo, por ejemplo: cuadros, viajes, promesas de futuras promociones o ascensos, honores, etc.
    10.  

    11. En la situación de corrupción normalmente se presenta una situación de asimetría en alguna dimensión del poder por parte del actor corruptor frente al actor corrompido, (ej. Un policía que pide una coima a un empresario muy rico para no cobrar una multa por, reales o supuestas, transgresiones a las normas de tránsito).
    12.  

    13. Frecuentemente la asimetría de poder asume la forma que Sutherland denominara Delito de Cuello Blanco, es decir, aquel que es cometido por personas de alto status socio - económico en el marco de su profesión, y por lo tanto frecuentemente expuesto a un sistema de inmunidades y criminalización selectiva, que puede aprovecharse de la indefensión, incapacidad indiferencia, complicidad o temor de aquellos a quienes se dirige su actuación.
    1. En un sistema de corrupción institucionalizada suele estar presente un tipo de moral de frontera. Que se supone inherente al mundo de los negocios, y que presenta el hecho criminal como una práctica inevitable, generalizada, conocida y tácticamente tolerada por todos. El castigo sería, entonces, arbitrario, injusto; y el delincuente una víctima fungible del azar o, quizás, de ocultas maniobras políticas de sus adversarios. Por una parte, puede resaltarse la faceta humana, familiar o profesional del delincuente: trabajador infatigable, emprendedor, audaz - como todo buen empresario que debe ariesgarse - creador de riquezas y puestos de trabajo, buen padre de familia y apreciado por quienes lo conocen. Por otra parte, se rebaja la entidad y trascendencia del hecho criminal: es un negocio audaz no un delito; una conducta tal vez irregular pero no criminal, no hace daño a nadie; la prohibición es puramente formal y circunstancial... En último término, se llega a amenazar con los efectos catastróficos que el castigo representaría para la propia economía nacional o para el sector con la consiguiente perdida de puestos de trabajo creados por el delincuente (García - Pablos de Molina).
    2.  

    3. La relación entre la corrupción y el Estado puede dar lugar básicamente a tres situaciones diferenciadas.

 

    1. Formas de corrupción que ocurren fuera del Estado sin ninguna intervención del aparato Estatal; (ej. la relación de soborno, coima, que puede darse entre el Jefe de compras de una empresa privada y un proveedor de otra empresa privada en perjuicio de la empresa de la cual la persona sobornada fuese el Jefe de compras).
    2.  

    3. Delitos económicos y diversas formas de corrupción que ocurren fuera del Estado, pero con intervención del Estado. Caso parecido al anterior, pero en el que el Estado puede intervenir para proteger el bien común (ej. Soborno de profesores de la enseñanza privada).
    4.  

    5. Formas de la corrupción en las que el principal perjudicado es el Estado mismo; (ej. lavado de dinero).

 

 

La corrupción como un problema social

Al analizar los rasgos que parecen caracterizar este fenómeno parece útil encuadrarlo dentro de la categoría de problemas sociales, entendiendo por tales "una condición que afecta a un número significativamente considerable de personas, de un modo considerado inconveniente y que según se cree debe corregirse mediante la acción social colectiva.

Se pueden recalcar cuatro dimensiones:

Primero "una condición que afecta a un número significativo de personas". Esta dimensión es la que la caracteriza como problema social y la distingue de los problemas individuales. El planteo de la condición lleva a preguntarnos que actores son los que padecen la situación, quienes la denuncian y cuales tienen algún interés en que la condición no se modifique.

Segundo "De maneras consideradas indeseables". Esta condición debe ser considerada perjudicial "para un número considerable de personas" que puesto en otros términos y significando otras tradiciones técnicas al respecto se puede plantear como una significativa discrepancia entre en un estándar de deseabilidad y alguna situación real observada como problemática.

Tercero la "creencia en que es posible la solución mediante la acción colectiva". Horton plantea que se debe visualizar algún tipo de conocimiento tecnológico disponible que permita formular un conjunto de propuestas de solución alternativas, que probablemente encarnarán las visiones, creencias e intereses de los diversos actores involucrados.

Cuarto "Dinamicidad de los problemas sociales: Los problemas sociales se ven modificados en el tiempo, sea porque los estándares de deseabilidad son más exigentes, por un crecimiento de la conciencia colectiva o, a la inversa, porque una política deliberada o no, reduzca las aspiraciones y expectativas sociales... Igual criterio podría aplicarse a los márgenes de tolerabilidad.

 

La dinámica de los problemas sociales puede mostrar transformaciones positivas de las condiciones indeseables o llevar a sufrir un deterioro que agudice el problema.

Aquello que en un momento pudo no ser considerado un problema lo puede ser más adelante, como sería el caso de la igualdad de oportunidades laborales para varones y mujeres si observamos la evolución del tema a partir de comienzo de este siglo, y así se podrían citar problemas que dejan de serlo y otros que aparecen por la modificación de algunos de los términos de la relación estándar de deseabilldad y condición de la realidad observada.

Históricamente la idea de la corrupción ha sufrido transformaciones similares a la de la mayoría de los problemas sociales que, básicamente, se encuentran condicionados culturalmente.

Huntington afirma que "Para que haya corrupción es necesario reconocer la diferencia entre el rol público de un funcionario y su interés privado". Si la cultura de la sociedad no distingue entre el papel del rey como individuo y como gobernante, es imposible acusarlo de corrupción en el uso del erario público.

Esta dinamicidad se podría graficar de la siguiente manera:

 

Estándar

de

Deseabilidad

Crecimiento de la

conciencia colectiva

o

Formas de generar la

revolución de las

aspiraciones crecientes

 

 

 

 

 

Formas de desmovilización tratando de reducir

aspiraciones y expectativas

 

 

Transformar la realidad

para superar el problema

social

Realidad

observada

 

Margen de tolerancia de la problemática

 

Agudización de la

problemática social

 

 

 

 

 

CUESTIONES SOCIALMETE PROBLEMATIZADAS:

Este carácter dinámico y socio-político de los problemas sociales, se puede entender mejor aún si se introduce el concepto de "cuestión socialmente problematizada"

Como afirman Oszlak y O`Donnel, "ninguna sociedad posee ni la capacidad ni los recursos para atender omnimodamente todas las necesidades y demandas de sus integrantes... solo algunas son problematizadas, en el sentido que ciertas clases fracciones de clase, organizaciones, grupos o incluso individuos estratégicamente situados creen que puede y debe hacerse "algo al respecto" y están en condiciones de promover su incorporación a la agenda de problemas socialmente vigentes.

Llamamos "cuestiones" a estos asuntos (necesidades, demandas) socialmente problematizados.

 

CIRCULOS DE RELACION Y SUPERPOSICION DE LOS PROBLEMAS Y CUESTIONES.

Otro de los tópicos que nos lleva a la reflexión es la existencia de situaciones en que la Corrupción puede aparecer como una situación falsamente problematizada (ej. previo a muchos golpes militares la corrupción aparece como uno de los problemas sociales de mayor significación, mientras que en gobiernos autoritarios y burocráticos la corrupción aparece como de más baja importancia)

 

 

Procesos de emergencia de los problemas sociales y su transformación en cuestiones socialmente problematizadas:

Toda cuestión atraviesa un ciclo vital que se extiende desde su problematización social hasta su resolución. Durante su existencia, diversos actores se ubican a favor o en contra del surgimiento de la cuestión; toman posición frente a la misma.

Una cuestión social se caracteriza por capturar la atención de la población; tiene prensa y es noticia, generando preocupación pública y controversia que a veces lleva a la acción colectiva.

Para que un problema se convierta en una cuestión social generalmente se produce una secuencia que se podría caracterizar de la siguiente manera:

 

 

En primera instancia ocurre una redefinición de la situación. Ello implica que las dificultades que se percibían aisladamente son redefinidas como problemas compartidos, que son ocasionados por la acción o inacción de grupos sociales; es decir, que se los suele ver como serias faltas a la justicia.

 

En un segundo momento el descontento se focaliza en algunos aspectos salientes de la problemática y en algunos puntos de la solución.

 

En tercer lugar se logra capturar la atención pública, generalmente a través de los medios masivos de comunicación, mostrando la importancia o dramaticidad del problema.

 

En cuarto lugar se forman grupos de presión que se estructuran y organizan para superar la indiferencia y la oposición; en muchos casos, estos grupos se convierten en movimientos sociales.

 

Cuando la tercera etapa esta en vías de pasar a la última mencionada es que se puede decir que un problema se ha convertido en una cuestión socialmente problematizada para la cual comenzará el debate respecto al tipo de política social a formular y a los programas y proyectos a desarrollarse para la superación, el control o la minimización de los efectos negativos que se desea controlar.

Es muy probable que los problemas sociales que se convierten en cuestiones socialmente problematizadas para las cuales se formulen políticas, sigan un proceso o ciclo que pase por un período de gran creatividad y desarrollo, luego por un proceso de creciente institucionalización - profesionalización, para posteriormente entrar en una etapa de burocratización, clientelismo reducido y rutinización.

A modo de síntesis podemos decir que no todo problema social se convierte en una cuestión socialmente problematizada, así como tampoco toda cuestión socialmente problematizada se traduce en una política social con una definición de objetivos, un sistema legal, una estructura organizativa y un conjunto de mecanismos y dispositivos que establezcan con claridad los estímulos y desestímulos necesarios para inducir los comportamientos deseados y una clara evaluación de efectos. Por lo tanto, es muy posible que exista un sinnúmero de problemas sociales -quizá muy importantes- a los cuales no se les presta atención.

Para que los problemas sociales atraigan la atención de un número significativo de personas, algo especial debe ocurrir, sea esto una catástrofe (como los problemas de las centrales atómicas), el surgimiento de un movimiento social que articule la demanda de los grupos que padecen, la situación problemática o cualquier otro evento que conmueva la opinión pública.

 

 

Tipología de problemas sociales

 

Bajo el nombre de problemas sociales se pueden ubicar un sinnúmero de situaciones de las más diversas, como pueden ser entre otras, pobreza, desempleo, violencia familiar, drogadicción, crimen, relocalización forzosa, analfabetismo, explotación laboral, alienación, abandono de menores, tortura, déficit habitacional, desnutrición infantil, etc., etc..

Esta lista puede convertirse en voluminosa y no sabríamos con seguridad qué tienen en común si no hiciéramos un esfuerzo por intentar, en primer lugar un esquema clasificatorio.

Definir una política social requiere también el abordaje, a partir de una tipología tan compleja como la realidad misma de los problemas sociales, sean estos percibidos o no como cuestiones sociales relevantes por el conjunto de la comunidad.

En este sentido, cabe considerar que no siempre los niveles de conciencia política y comunitaria sobre la problemática social, se corresponden con la verdadera incidencia del tema. Existen cuestiones socialmente relevantes, porque cuentan con una alta preocupación social y con el accionar de diversas formas de presión, sobre las estructuras decisionales. Y otras, igualmente importantes, que están marginadas de la preocupación colectiva.

Así por ejemplo, la baja cobertura de las jubilaciones y pensiones, asume la dimensión de una cuestión social relevante y no lo es, la minusvaloración del anciano en la sociedad y su creciente exclusión del medio familiar.

En esa línea se podría pensar en una clasificación de los mismos que diferenciara los problemas sociales en los siguientes tipos:

 

Problemas de

Carencialidad

Vulnerabilidad

Participación

Identidad

Calidad de vida

Desviación social

 

La corrupción como un problema de desviación social

No es mi intención definir y desarrollar cada uno de estos tipos sino tratar de ubicar a la corrupción dentro de esta categoría, considerando que los problemas de desviación social son aquellos que mejor pueden encuadrar a los problemas de corrupción.

Entendiendo a los problemas de desviación social como un comportamiento que se aparta significativamente de las normas que rigen el desempeño de determinado estatus - rol y que tienen connotaciones negativas y se consideran peligrosos o nocivos (ver Merton).

El caso de la corrupción, estaría encuadrado, según la tipología de Merton, en las formas de comportamiento "aberrante" puesto que este intenta esconder su comportamiento, en tanto que el no conformista anuncia públicamente su discenso y cuestiona la legitimidad de la norma que transgrede siendo la misma transgresión un intento de cambiarla, negándola en la práctica.

Del marco referencial de la desviación social y de algunas teorías de alcance medio, se pueden tomar varios elementos que considero de utilidad para poder desarrollar esquemas explicativos relativos a la corrupción. A tales efectos sugiero a titulo ejemplificativo los siguientes cuerpos teóricos:

 

    1. De H.E Sutherland sus trabajos sobre la Delincuencia de Cuello Blanco y la Asociación Diferencial como uno de los primeros y más ricos enfoques sobre la conducta subcultural y el comportamiento criminal "aprendido".
    2.  

    3. De Marshall Clinard lo relacionado al comportamiento Criminal de las Grandes Corporaciones de Negocios.
    4.  

    5. De Cloward y Ohlin lo referido a delincuencia y estructura de oportunidades.
    6.  

    7. De Austin Turk parecen importantes sus aportes sobre la criminalización selectiva.
    8.  

    9. Howard Becker y de las Escuelas de la interacción Simbólica y la Etnometodología podrían brindar elementos sumamente útiles para entender el proceso por el cual una persona va estructurando un comportamiento institucionalizado dentro del circuito de la corrupción y el uso de los etiquetamientos como manera de juego político de ataque y protección que son utilizados por los distintos de actores que toman parte en el sistema de actividades corruptas.

 

En esta misma tradición, parece importante explorar el significado de la acción, siguiendo la formulación de David Matza, sobre los mecanismos de neutralización que suelen usar las personas que se incorporan progresivamente en los círculos de la corrupción, para proteger su propia autoestima e inducir a otros actores en el mecanismo perverso de la corrupción. Igual criterio -explorar el significado de la acción- convendría seguirse con los que la denuncian y con aquellos que dificultan su esclarecimiento.

 

 

 

Aspectos Metodológicos y estratégicos del estudio para el control de la corrupción

Al comienzo afirmábamos que nos encontramos ante un fenómeno del que se habla mucho, se publica en los medios periodísticos otro tanto, pero se posee muy poco conocimiento sistemático, confiable, válido y relevante para la acción eficaz, tanto en el corto, como en el mediano o largo plazo.

Al abordar este tema lo más frecuente es confundir la naturaleza del conocimiento requerido para la formulación de una política que propenda a generar comportamientos honestos a contraposición de comportamientos corruptos, con el conocimiento requerido para la producción de la prueba judicial que es conocimiento de situaciones específicas que permitan procesar a sujetos concretos.

La perspectiva desde la cual se ha ubicado este documento es la de explorar los caminos que podrían recorrerse para estructurar una base de conocimientos que permita la formulación de políticas y proyectos que tiendan a llevar el nivel de corrupción a sus mínimas expresiones posibles en cada situación y momento histórico.

Una política que pretenda lograr este objetivo, probablemente, deberá plantearse transformaciones en el plano socio - cultural, intentando modificar valores, normas, actitudes, comportamientos, tramas de relaciones y estructuras que significará la necesidad de conocimientos, en una serie de planos de los más variados.

La elaboración de políticas de minimización de la corrupción puede seguir criterios diferentes. Sin embargo, es posible destacar dos ejes conceptuales importantes.

El primero, se refiere al grado de información disponible sobre la realidad a transformar.

El segundo, el grado de desarrollo de los marcos referenciales, en función de los cuales la realidad puede interpretarse.

Suponiendo dicotomizables en valores polares cada uno de los dos ejes mencionados, es posible detectar cuatro situaciones, a saber:

La situación 1 es la que podría denominarse ideal para la elaboración de políticas como la propuesta en la medida en que conjuga un alto grado de elaboración del marco referencial como también de una alta calidad de la información disponible, tanto en confiabilidad como en relevancia. Estas situaciones son poco frecuentes, dado el incipiente avance que se ha realizado sobre el tema que nos ocupa.

Hay en cambio, a veces, situaciones parecidas a las designadas por el número 3, es decir donde existe un alto grado de desarrollo de los marcos referenciales por sobre el bajo grado de información disponible acerca de la realidad. En muchas circunstancias, situaciones de este tipo sólo pretenden hacer uso de marcos referenciales en forma casi independiente de la realidad circundante, respecto a la que se posee un escaso grado de información. Generalmente, estas experiencias se caracterizan por un alto grado de acontextuación y falta de adaptación del marco referencial a la realidad que pretenden interpretar.

De la misma manera, es factible detectar situaciones del tipo 2 que, careciendo de un marco referencial adecuado para interpretar la realidad, sólo intentan centrar un pretendido diagnostico en la acumulación de "toda" la información disponible, acumulando montañas de datos que no se interrelacionan entre sí.

Sin embargo, la más frecuente es la situación tipo 4, es decir que el grado de información disponible es bajo y también un marco referencial de poco desarrollo teórico.

Precisamente, teniendo en cuenta que es ésta la más frecuente, pasamos a proponer una modalidad operativa que consiste en la elaboración de políticas de lucha contra la corrupción basadas sobre la experiencia acumulada en la construcción del marco referencial previo, en desarrollo y con un cierto conocimiento de la realidad.

Dicha experiencia, permite detectar situaciones problemáticas y anunciar ciertas propuestas de políticas de minimización de la situación bajo consideración y de fortalecimiento de la base solidaria y honesta de la sociedad.

Esta mecánica favorece el impulso de ciertas acciones inmediatas en el terreno operativo; la justificación de dichas acciones se halla relativamente fundamentada en hechos evidentes, detectados como situaciones problemáticas. Al mismo tiempo y mientras la realidad se va transformando, reordenando y reorientando, es posible desarrollar acciones tendientes a la construcción de indicadores a fin de profundizar el estudio, realimentar la formulación de políticas de fortalecimiento social y reformular y precisar el marco referencial del encuadre.

También resulta valioso incorporar al modelo otras experiencias ya realizadas, sobre todo en el caso de aquellos países que poseen una fuerte tradición en el control de la corrupción

Para evitar caer en la acumulación de información sin mayor relevancia teórica y estratégica, es que, es conveniente preguntarse ¿información para que?

Por otro lado, estimo que la corrupción no es un concepto unidimensional sino por el contrario seguramente es altamente multidimensional y por lo tanto es conveniente explorar sus diferentes manifestaciones en diferentes esferas institucionales donde aparecerán situaciones que le dan peculiaridades.

Teniendo en cuenta su especificidad institucional y nacional y su multidimensionalidad es que estimo de la mayor importancia incorporar la idea de configuraciones diferenciadas que podrían dar lugar a la construcción de perfiles de corrupción; elemento este fundamental para diseñar programas adecuados para controlar cada tipo o perfil de corrupción y no caer en la trampa de los programas indiferenciados de escasa eficacia.

La corrupción aparece en las sociedades modernas como una institución; es decir, como un emergente del sistema social. Y en las sociedades contemporáneas fuertemente ligado a las relaciones de interdependencia global de las economías, asumiendo formas complejas donde las relaciones asimétricas de poder son más fuertes y los intereses económicos en juego más importantes.

La estrategia quizá sea comenzar por lograr una comprensión lo más relevante posible del fenómeno e identificar sus dimensiones más significativas. Para ello podría conveniente realizar varios estudios de casos en distintas esferas institucionales. Estos estudios no sólo debieran buscar mayor precisión conceptual, sino lograr captar cuales son los tipos de los actores institucionales más vulnerables sus lógicas de acción, la coaliciones más probables. Actores en este contexto son los que producen la corrupción, los que la padecen pasivamente, los que la denuncian y los que tratan de impedir su conocimiento, cualquiera fuera la motivación que estuviese en juego.

Dado que una de las dificultades más serias en el estudio de la corrupción se centra en la dificultad de acceso a las fuentes de información, una de las vías es trabajar en profundidad los casos de corrupción que entraron a una faz judicial, complementádola con el análisis de contenido de los medios masivos de comunicación y la entrevista a informantes claves.

 

 

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