Encuesta sobre Políticas Sociales.
La cuestión del pauperismo y de las políticas sociales en la Argentina ha demostrado que los programas del área, más allá de sus objetivos declarados, ejercen un papel crucial de práctica de un clientelismo extendido. Realizado entre los diversos niveles del Estado y los hogares eventual y potencialmente receptores de los beneficios definidos en términos de pobres estructurales o segmentos sociales pauperizados debido a sus bajos ingresos.
Dicho vínculo político-clientelar, inherentemente asimétrico, implica cierto “intercambio de favores”, tales como asignaciones monetarias o en especies y demanda adhesiones a los gobiernos en las distintas instancias señaladas. Ello genera la emergencia, y progresiva consolidación, de una ciudadanía de segunda categoría, contradictoria con los principios sustanciales de nuestra constitución democrática formal; tal situación no conlleva soslayar determinados aspectos positivos, que el rol manifiesto de los programas mencionados efectivamente cumple. Sin embargo es necesario resaltar que el otorgamiento de esas prestaciones no es asumido como un derecho, sino en cuanto “beneficencia” característica de las formaciones socioeconómicas capitalistas relativamente avanzadas.
A los efectos de concretar el proyecto se contactó al grupo investigativo marplatense señalado, con el cual se definieron los objetivos del análisis a realizar en esa ciudad, en el contexto sociodemográfico delineado por la encuesta local llevada a cabo durante el año 2005 por ellos mismos. Partiendo de esta base empírica, se formularon proposiciones adecuadas al conocimiento de los planes sociales en dicho territorio, mediante la recolección de indicadores a través de entrevistas en los hogares realizadas hacia fines de 2006.El marco metodológico aplicado responde a la idea de “interaccionismo simbólico” [Blumer], encuadre que prioriza los significados sociales que las personas atribuyen al medio en el cual ellas se hayan insertas. Dicho abordaje conlleva la noción de que todas las organizaciones, culturas y grupos están constituidos por actores envueltos en un proceso constante de interpretación sociocultural del mundo que los rodea.
No existe una opinión uniforme sobre los programas sociales, al encontrarse divididas las valoraciones sobre aquéllos entre los propios beneficiarios de los mismos y quienes no lo son. Se observó una percepción mayoritaria acerca de que el otorgamiento de planes oculta prácticas corruptas, o al menos escasa transparencia en su asignación, estimando que no siempre se destina a sectores cadenciados. Al respecto, esa “ayuda” es considerada, por un destacable porcentaje de los entrevistados, como un sistema que beneficia más a los sectores altos, e incluso algunos evalúan que se trata de un mecanismo de manipulación política con objetivos de índole electoralista. También en algunos casos se mencionó que los programas sociales carecen de contraprestación y de mecanismos de integración al aparato productivo, por lo cual no son apreciados en cuanto tránsito hacia el mundo laboral, sino como “perpetuación en la vagancia y desintegración de la sociedad del trabajo”.
En referencia a los operadores o intermediarios políticos en la distribución de dichos planes, la mención a personas identificables con el rol de “punteros” fue casi nula, mientras que segmentos sociales medios criticaron las prácticas clientelares. En referencia al accionar piquetero, la mayoría de los entrevistados rechazó sus tácticas de reclamo o protesta, cuestionando esencialmente el eventual proceder violento de las mismas; en ciertos casos la opinión apunta a que ese movimiento está constituido por parásitos que “avergüenzan a la sociedad argentina”. Una proporción minoritaria, por el contrario, evalúa que los piqueteros luchan de manera legítima por sus derechos, y que el éxito de estas reivindicaciones conduce a resultados positivos para los beneficiarios.
Por otra parte, de modo unánime el trabajo y la educación son estimados en tanto instrumentos de superación social, o más puntualmente en términos de posibilidad de ascenso social, a partir de la atención hacia las carencias económicas existentes. Asimismo, la generalidad de las personas consultadas destaca las ventajas del empleo formal como medio de aseguramiento material del futuro. Además, muchos beneficiarios de los programas sociales opinan que preferirían tener un trabajo y no recibir un Plan Jefas y Jefes de Hogar.
Finalmente, se observaron los siguientes indicadores: gran desinformación y despolitización, junto a una escasa lectura de periódicos; alto grado de manipulación de los medios masivos de comunicación, en especial de la televisión. Una temática inquietante surge de la respuesta a la pregunta “¿en que época se vivía mejor y explique los motivos?”, dado que muchas personas optaron por la época de la dictadura militar, con argumentos basados en la defensa del orden y de la seguridad
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